La tragedia de Verapaz y Guadalupe a raíz de las lluvias provocadas por la Tormenta Ida

By on 5 diciembre, 2009

Crónica 1El inicio del trabajo para recolectar información que luego serviría para completar las distintas secciones de EL SALVADOR NOTICIAS.NET, coincidió con la emergencia nacional que fue decretada por el presidente Mauricio Funes, a raíz de los daños causados por las copiosas lluvias que cayeron sobre el territorio nacional, el 7 y 8 de noviembre.

Por esos días las notas informativas de mayor relevancia eran las relacionadas con los deslaves en el volcán Chinchontepec, de San Vicente, y las pérdidas de vidas humanas en distintos puntos del país. Se hablaba ya de más de 100 muertos y decenas de desaparecidos por deslaves, inundaciones, y desbordamiento de ríos.

Las poblaciones más afectadas se decía eran las de Verapaz y Guadalupe que están ubicadas en las faldas del norte del volcán de Chinchontepec. Se mencionaba la destrucción de viviendas, muchas de éstas que fueron arrasadas por toneladas de rocas y lodo que bajaron desde las faldas del volcán de San Vicente.

Verapaz, es un municipio con una población de 7 mil habitantes y está ubicado a 71 kilómetros de San Salvador. El desvío para llegar a esa población se encuentra en el kilómetro 51 de la carretera Panamericana. Guadalupe, el otro municipio severamente golpeado por el fenómeno natural, tiene una población de 8 mil habitantes. Para poder llegar hasta esta ciudad se debe atravesar el centro de Verapaz.

Los residentes de ambas poblaciones se dedican mayormente a la caficultura y al cultivo y procesamiento de la caña de azúcar, además de otras actividades agrícolas como la siembra de maíz y frijol, y la crianza de ganado.

El día 9 de noviembre realizamos un recorrido por las poblaciones de Verapaz y Guadalupe, en el departamento de San Vicente, dos localidades de las más afectadas por el fenómeno natural, y esto fue lo que encontramos:

En la entrada a la ciudad de Varapaz, en el centro, la calle principal estaba cubierta por grandes promontorios de piedras y lodo. Y la 2ª Avenida Sur había sido sepultada por completo por el deslizamiento. En algunos lugares el lodo había alcanzado los 2 metros de altura.

Varios postes de la red eléctrica estaban caídos, y la población había quedado sin energía eléctrica desde la noche del sábado cuando comenzó el desastre.

Pero más aún, las viviendas que no habían sido destruidas por el aluvión, estaban inundadas de lodo. Todo adentro estaba dañado. Algunos de los propietarios de las viviendas lograron salir, otros no, ahí se encontraban atrapados.

Un paraje desolador

Crónica 2

A eso de las 8:30 a.m.,  de la mañana,  la ciudad estaba semivacía. La mayoría de los habitantes habían sido evacuados a lugares más seguros. Con el pasar de las horas los residentes fueron volviendo poco a poco, para conocer cómo habían quedado sus casas y si había alguna pertenencia para rescatar.

Dentro de las viviendas había artículos en desorden, en otros camas cubiertas por el lodo, en otros como el Instituto Nacional San José, de Verapaz, también había lodo dentro que había echado a perder varios artículos utilizados en la educación de los educandos de ese centro.

Conforme se iba avanzando por la 2ª. Avenida Sur, la calle central en dirección al volcán de San Vicente, se podían apreciar rocas pequeñas, grandes y otras enormes en medio de la vía, algunas con la altura de una casa, que llegaron junto con la correntada.

Esas piedras que llegaron rodando desde las faldas del volcán, haciendo un recorrido de casi 7 kilómetros, arrancaron muchas viviendas desde su base. El lugar donde estaban asentadas simplemente desapareció. Otras casas que no fueron alcanzadas por completo habían perdido parte de sus paredes.

El lugar era sombrío, muchas personas estaban atrapadas ahí dentro de las casas, soterradas, y otras se encontraban en calidad de desaparecidas,  porque el río de agua, lodo y piedras se los llevó.

Elementos de la Fuerza Armada y socorristas trabajaban en la remoción de escombros. En la 2ª  Avenida Sur,  una vaca arrastrada por la correntada, quedó pegada contra la pared de una casa. Ese animal fue retirado y enterrado por militares y bomberos para evitar epidemias.

Otros militares rescataban cajas con medicinas de la Unidad de Salud de Verapaz, cuya estructura fue destruida.

Doña Berta N., una habitante del lugar, dijo que la noche que llegó el aluvión desde lo alto del volcán, nadie se esperaba eso.  Había estado lloviendo durante la noche.

Afirmó que ella sólo escuchó el ruido de llegada de agua y de retumbos de la tierra, producidos por las rocas que venían rodando y que chocaban contra las paredes de las casas, o que chocaban entre ellas. “Mire, si nosotros estamos vivos de milagro”, comentaba doña Berta.

El volcán de San Vicente o Chinchontepec presentaba tres grietas en sus faldas del norte. Estas huellas son de los deslaves registrados, que dañaron casas, pero que en lo peor de los casos mataron y lastimaron a mucha gente.

Los principales deslaves estaban distribuidos así: uno en el lado de Tepetitán, el otro en Verapaz, que prácticamente partió al pueblo en dos, y el otro en Guadalupe. Los dos últimos son los más letales.

Sin embargo, un habitante dijo: “Yo creo que es mejor que se hayan repartido esos deslaves,  porque si se viene uno solo, hubiera desaparecido Verapaz por completo”.

En busca de Guadalupe

Crónica 3

El municipio de Guadalupe está a unos 76 kilómetros de San Salvador, y se sitúa al poniente de Verapaz. El paso vehicular hacia esa población quedó interrumpido. Los puentes de acceso, el de la salida  de Verapaz hacia Guadalupe desapareció bajo los escombros de lodo, piedras y troncos.

Los otros puentes ubicados en la distancia de 5 kilómetros entre ambos pueblos, son el Remenbranzas, el Manguito y el Piedra Pacha.

Para viajar a Guadalupe fue necesario caminar. Como se dijo antes, las calles están cortadas. Debido a que la vía en su inicio presentaba un espacio inundado de unos  30 metros, tuvimos que bordear por unos cañaverales de esos que abundan mucho en la zona. Verapaz es lugar de fabricación de dulce de panela.

A lo largo de la carretera se podía observar personas que iban a pie cargando cereales y otros tipos de comestibles para sobrevivir en parte durante la emergencia.

Uno de los pobladores dijo que el deslave de Guadalupe era el más grande, en relación con los registrados en Verapaz y Tepetitán.

El primer puente en el camino es el Remenbranzas, un puente pequeño, cuyo desagüe había sido obstruido por troncos y piedras de gran tamaño, por una quebrada que en inviernos normales no significa una amenaza.

Pero esta vez, la quebrada del mismo nombre del mismo nombre del puente,  para abrirse paso, rompió la carretera  y dejó un corte de unos 15 metros de largo. El paso debía realizarse a pie, descendiendo al fondo de la quebrada y luego subiendo a la carretera para continuar el viaje.

Enseguida estaba el puente conocido como El Manguito. El túnel para el paso del agua en este acceso,  también había sido tapado, y las rocas de gran tamaño que rodaron desde las alturas del volcán quedaron sobre el pavimento.

El paso de agua y piedras en grandes cantidades, habían dejado sus huellas en el terreno: amplias excavaciones naturales se habían producido en el terreno.

Crónica 4

Más adelante, sobre la carretera se podía observar rocas pequeñas, medianas, y unas tan  grandes con altura de una casa.

Eran escenas que causaban conmoción, por el sólo hecho de ponerse a pensar cómo pudieron llegar hasta ahí tantas piedras, y sobre todo del gran tamaño de las que estaban depositadas en plena carretera.

Y luego llegamos al puente de Piedra Pacha. Está justo a la entrada al pueblo de Guadalupe. Tiene una bóveda para el paso del agua, donde cabe un camión, pero durante la lluvia había sido tapada con piedras y lodo. Entonces, el aluvión pasó encima y se desvió hacia comunidades que fueron borradas prácticamente de la tierra.

El centro del municipio de Guadalupe no sufrió tantos daños. Aunque algunas casas que estaban más a la orilla de la quebrada, que pasa normalmente por ese lugar, sí fueron destruidas.

Sin embargo, el mayor daño podía observarse en el lugar donde estaban distribuidas las viviendas de la colonia Santa Rosa, a la entrada del municipio. Aquí el escenario era desolador. Las casas de la colonia fueron arrasadas, y con ellas varias familias.

En el lugar sólo había algunos árboles que no fueron arrastrados por la repunta.

Entre los escombros de una vivienda que habían sido atrapados por un árbol grueso, de los que arrastró la quebrada, una joven había logrado sacar láminas retorcidas, unas ollas y otros utensilios de cocina que no se fueron río abajo.

Verónica Beatriz Valdez Rodríguez, de 25 años, con un embarazo de 7 meses, explicó que ella se había salvado de milagro la noche en que sucedió la tragedia, y mencionó que 7 familiares de su esposo fueron arrastrados por la avalancha.

Las víctimas son Rosalío Hernández, de 50 años; y Emérita López, de 40; suegros de Verónica, y sus cuñados José Gabriel López, de 14 años;  María Morelia López, de 12; Maribel López, de 9; y Jarry Brandon Barrera, de 2 años, hijo de su cuñada Fátima.

“Esto es un desastre”, afirmó sin deseos de hablar del tema.

“Nos quedamos sin camas, sin casa, sin ropa, zapatos, sin nada”, dijo la joven, que aún presentaba algunos golpes en el rostro provocados por la correntada que la arrastró unos 30 metros.

“De puro milagro de Dios nos salvamos” agregó.

Sin embargo, a pesar de la desgracia hay algo que a Verónica le consuela, y es que su bebé, que tiene 7 meses de gestación, se encuentra sano, según le dijeron médicos que la atendieron.

Crónica 5

Muy cerca de donde estuvo la casa de los Hernández López, está la vivienda de Amado Henríquez, un hombre de unos 65 años. Su casa sufrió daños, pero su familia resultó intacta.

Amado detalla que la noche cuando bajó la correntada de agua y piedras, él escuchó un ruido similar al de unos 10 helicópteros. Relata que todo ocurrió de forma rápida, tan pronto que los habitantes de la colonia no tuvieron oportunidad de salir. Además ¿A dónde iban a ir? si todo estaba a oscuras porque no había energía eléctrica.

“No nos dio chance de salir. Aquí sólo Dios nos protegió”, afirmaba mientras rescataba algunas láminas de zinc y parte del tejado que le botó el aluvión.

“Ahí enfrente habían como diez casas, todas esas se las llevó la correntada”, agrega Amado.

El deslave a la entrada de Guadalupe, alcanza en unos lugares unos 60 metros de ancho.

Algunas de las víctimas de este fenómeno natural fueron encontradas a varios kilómetros abajo, unos dicen que son 15 muertos, otros dicen que son más. Lo cierto es que ya tres habían sido hallados y enterrados pronto en una fosa común, al costado norte de la cancha de fútbol del municipio.

Pero los habitantes del lugar no se quedaron de brazos cruzados, desde tempranas horas de este lunes 9 de noviembre, comenzaron a remover piedras y lodo a fin de abrir un paso provisional para vehículos y personas.

El retorno hacia Verapaz y las escenas del dolor

De este viaje, hay algo que también vale la pena mencionar, son las muestras de amistad de los habitantes del lugar, tanto de Verapaz como de Guadalupe.

En el transcurso del retorno podía verse a personas cargando a sus hijos o llevándolos de la mano, pero cuando pasaban junto a mí siempre saludaban con un: adiós o con el “buenos días” o “buenas tardes”. 

Ya de regreso en Verapaz, nos encontramos con escenas difíciles. Un grupo de ciudadanos llevaban a enterrar a dos de las víctimas del deslave.

Los féretros de don Román Dimas, de 90 años, y de su esposa María Argueta, de 89; estaban siendo trasladados en un pick up, para un lugar donde serían enterrados luego de una misa de cuerpo presente. Pero las calles llenas de fango no permitieron el libre tránsito del vehículo de doble tracción en que eran transportadas las víctimas.

Era la 1:30 de la tarde cuando el conductor de los fallecidos intentó cruzar por el lodo y no pudo. Entonces los familiares y amigos tuvieron que cargar los ataúdes, pero algunos se iban hasta la rodilla cubiertos por el lodo, cuando iban pasando por la parte más profunda del suelo lleno de barro.

Los féretros de los ancianos fueron llevados a su destino, y allá se juntaron con los restos de su bisnieto Kevin, de 8 años y 7 meses (hijo de Priscila Dimas Argueta), que fue encontrado kilómetros abajo del pueblo.

El deslave golpeó a la familia Dimas Argueta. Además de los abuelos también faltaba encontrar a la madre de Priscila, la señora María Enma Dimas que la correntada se había llevado junto a otro menor de la familia, y que continuaban desaparecidos.

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